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LA TIERRA SE ACUERDA

LA TIERRA SE ACUERDA

(Fragmentos)

Después
de
esta
vida
tan
luenga
y
extensa
que
había
vivido
se sentó
un día
a recordar:


Circularon chirriando las norias de su memoria en medio de la noche de serena oscuridad, rumiando su vida desde la infancia. Aquella infancia jubilosa entre las calles del sempiterno universo donde está rodando desde que salió de su querido entorno natal, donde vivió la niñez y la adolescencia. Su mente se quedó en blanco y le estremeció un escalofrío de placer cuando susurró la palabra adolescencia, aquel hechizado y sorprendente melifluo brotar. La niñez y la adolescencia son los ojos que beben de la ubre de la vida y la vida bebe de ellos sus memorias y sus pensamientos, su cauce y su desembocadura: guijarros, piedras y arena. Tierra, rocas y minerales. Aguas y fuegos reprimidos se sentó recordando:
Recordó su niñez y el desarrollo de su tierno cuerpo y su alma apacible y feliz; cuando la mimaban los astros mayores y le soplaba la brisa de las galaxias aledañas y le tranquilizaba el alma. Mamaba del pecho del espacio agua de señera nitidez y dormía sobre la cuna de las pululantes constelaciones soñando con los ángeles niños. Vivía tan feliz de niña que a veces se despertaba del sueño riéndose; y también, a veces, lloraba despierta cuando le faltaba el calor del regazo de Dios, aunque sea por un instante.
Los siglos en los que aprendió a andar a gatas sobre las desplegadas alfombras moradas y después a andar agarrando las piernas de los soles y las lunas para no caerse. Los primeros tropiezos cuando intentó andar sola y el siglo en el que lo consiguió sin las manos que le apoyaban, y toda la familia aplaudiéndole de alegría en el abierto vergel del espacio.
Creció y salió del regazo y del calor de la cuna a ver lo que hay fuera de la habitación, las otras habitaciones y la explanada que las rodeaba. Aprendió a hablar palabra a palabra y empezó a jugar con las muñecas de cabello suave y denso y grandes ojos orondos pintados de kohl. Cuando creció un poco más se hizo más traviesa y salió fuera de la casa, a la calle, a las calles contiguas y las explayadas plazas que quedaban detrás. Aprovechaba el descuido de sus familiares para salir a jugar a la comba con las niñas de su quinta sobre las líneas de las celestes constelaciones sin límite. Fuera adonde fuera se sentía fascinada por la irisación del sol y la luna, del relámpago y las estrellas. Desde su temprana pubertad descubrió el sorprendente placer que sentía cuando robaba unos lapsos para sentarse sola a contemplar. Escogía extraños lugares para aquellas sentadas de contemplación. Le gustaba, cada vez más, estar sola durante largo tiempo y su juego favorito era aquel emocionante juego que se llama la vida.
Cuando empezaron los pezones\cumbres de sus hermosas montañas a resaltar y empezó a sentir el estrepitoso estallido de la feminidad dentro de sí, notaba que cuando andaba un poquito aprisa durante largas distancias entre los cielos que se alejaban entre sí, fluía en zonas de su piel de polvo el sudor: esos océanos, mares, ríos y lagos como ojos nublados de lágrimas; no son más que el sudor que le empapaba en las caminatas de su pubertad. En otros posteriores remotos tiempos aquel sudor se sublimaba y se condensaba en nubes y polos glaciales. No cesaba el sudor de infundirse entre los valles que cruzaban su cuerpo como las líneas de la palma de la mano. Cosió para sí misma, con la urdimbre de las alfombras de hierbas, sayas que luego emparamentaba con admirables diademas de orégano; entonces revoloteaban enamoradas las palomas, los pájaros de colores resplandecientes y las gráciles mariposas embrujadas de amor. Sentía su adolescencia romperse en una dulce púdica feminidad. Aprendió a bailar al son del cántico de los pájaros, al susurro de la brisa, a las melodías de la sinfonía de las cascadas y al silbido de los violines del viento. Se inspiraba en el embeleso cuadro que el creador dibujaba en sus continentales miembros valle a valle. Emprendió su caminata por las calles de la eternidad hacia la luz.

La Luz. La luz es lo que la resucita y resucita todo lo que ruge en ella, lo que se desperdiga a su alrededor y lo que le impulsa a caminar.
Caminar. Caminar es seguir adelante siendo quien somos.
Caminar es lo que da a la vida las facciones de vida:
“de tanto amar y andar salen los libros, y si no tienen besos a legiones, y si no tienen sangre a manos llenas, y si no tienen mujer en cada gota, deseo, hambre, cólera, caminos; entonces no sirven para espada ni para escudo”.1
caminar es andar en sigiloso estruendo con un estruendoso sigilo. Es andar dulcemente dejando las huellas de nuestros pies sobre el cuerpo de los caminos al caminar. La Luz es lo que alumbra los caminos al andar. No se da la luz a quien no tenga Amor.
Así fue la adolescencia... contemplar y ver... concebir y sentir las asociaciones de nuestro interior o lo que llaman sentimientos. Porque, como la niñez es la formación del cuerpo, la adolescencia es la formación del carácter y la personalidad.






















1 texto de Pablo Neruda.

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  • "De tanto amar y andar salen los libros, y si no tienen besos a legiones, y si no tienen sangre a manos llenas, y si no tienen mujer en cada gota, deseo, hambre, cólera, caminos; entonces no sirven para espada ni para escudo" Pablo Neruda
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